La historia detrás del poema
Algunos poemas no empiezan con una pluma.
Simplemente llegan.
Como una sensación,
o un momento que no sabes explicar.
A veces me pasa mientras estoy en casa,
cuando todo está en silencio,
mi hijo se ríe en el fondo,
y los gatos me trepan encima.
Y empiezo a pensar
en el “mundo real”.
Ya sabes, ese que la gente dice que está allá afuera—
los titulares, los mercados financieros, las conversaciones vacías, el ruido.
Y me pregunto,
¿eso es más real
que estar sentada con mi hermana
mientras habla de su quimo?
No es lo que se dice,
sino eso que se siente
cuando alguien que amas
se enfrenta a la posibilidad de morir.
Esa conciencia.
Ese silencio dentro del cuerpo
que nadie más escucha.
¿Es más real que esa voz interna
que te dice
“no vayas por ahí”
“no tomes ese trabajo”
“no sueltes todavía”?
Este poema nació de ahí.
No vino a explicar nada.
Solo a quedarse conmigo un rato,
como una pregunta suave.
Así que lo escribí.
¿Qué tan real es el mundo?
by Valentina DuPont
Me encanta vivir en mi casa.
Antes pensaba que lo que más me gustaba era vivir dentro de mi cabeza,
pero es más que eso.
Es todo mi ser,
un espacio interno donde habito,
ese todo y esa nada
que vive en mí.
Silenciosa,
inspirada por la belleza que veo,
que a veces hasta me hace estornudar—
los árboles,
las rosas,
lo cotidiano,
cada instante.
La risa de mi hijo,
mis gatos exigiendo cariño,
jalándome con suavidad
de vuelta al presente
cuando me pierdo en pensamientos.
Me gusta vivir en mi casa:
tranquila,
pacífica,
amorosa,
segura.
Y sin embargo sé
que eso no es la “vida real”.
Allá afuera hay un mundo—
bello,
inseguro,
lleno de colores,
de sonidos,
de olores,
de cosas por hacer.
A veces quisiera que me gustara más la gente:
las charlas pequeñas,
las sonrisas forzadas,
las conversaciones sin sentido.
Pero me gusta vivir en mi casa.
¿Qué tan real es el mundo?
Me lo pregunto.
¿Es más real que el llanto de mi hijo
cuando no encuentra su avioncito favorito?
¿Más real que los altibajos
de mis emociones—
un beso de nariz de mi hijo,
y cinco minutos después,
su manita en mi mejilla,
porque la alegría era demasiado grande para sostenerla?
¿Qué es real?
Vivimos en un mundo hecho de palabras.
¿Eso es real?
¿O es parte de la ilusión
de estar aquí?
Yo sí sé lo que es real:
el amor que siento cuando abrazo a mi hijo,
los momentos silenciosos
donde me convierto en observadora
de eso que llamamos “real”.
El momento en que cierro los ojos
y solo con la intención
puedo hacer que un caballo camine a mi lado.
Ese mundo callado
que vive en el crujir de las hojas al atardecer,
donde no hay palabras,
sólo respiración,
pulso,
presencia.
Ese silencio que escucha todo—
el búho,
el viento,
los árboles.
Ese mundo que no puedo explicar.
He pasado mi vida entera
buscando qué es real
entre las formas de afuera.
Y no sabía
que hasta la palabra “real”
es una ilusión.
No hay nada que sea real—
y por tanto,
nada que sea falso.
Todo lo que hay—
un suspiro,
un latido,
una pausa—
es.
Y en ese misterio,
vivo.
No necesito pruebas,
sólo aliento.
Sólo este momento—
la risa de mi hijo,
el ronroneo del gato,
y el silencio
que me deja escuchar.
Tal vez el mundo real
no está allá afuera.
Tal vez es ese murmullo suave
dentro del pecho de una madre
cuando nadie la mira,
un murmullo que vuelve a preguntar—
¿qué tan real es el mundo?
Todo lo que hay
es.

Tres manos entrelazadas en silencio.
No afuera, sino aquí.
En el amor, en el instante,
en lo que verdaderamente permanece.
Copyright © 2025 Valentina DuPont. All rights reserved.

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