(un poema sobre el matrimonio)
Me sostienes,
pero extraño volar.
Dices que esto es amor
este anclaje, esta quietud
pero yo recuerdo la ligereza de los sueños
antes de aprender a caer contigo.
Solía pensar
que el matrimonio era un refugio,
un puerto donde por fin podría descansar.
Pero nadie te dice
que en realidad es el lugar más peligroso para vivir.
Una apuesta vestida de promesas,
un contrato firmado con esperanza,
una sociedad
donde la ganancia nunca está asegurada.
Ofrecemos lo más sagrado
lealtad, bondad, verdades que ni siquiera conocemos
esperando que vuelvan
brillantes,
protegidas.
Pero a veces lo que regresa
es silencio,
distancia,
o nada.
Algunas noches pienso:
hasta la gravedad suelta…
Y es cierto.
Mira hacia arriba.
El espacio está lleno de lugares
donde nada jala,
nada retiene,
nada ancla.
Y aun así, las estrellas arden.
Siguen existiendo
sin necesidad de ser atrapadas.
Tal vez el amor
no fue hecho para encerrarnos en órbitas.
Tal vez está aquí para preguntar:
¿Te quedarías,
si pudieras irte?
Cómo nació este poema:
Últimamente he pensado mucho en cómo romantizamos el matrimonio como un lugar seguro, un hogar. Pero la verdad es que el matrimonio es un riesgo. Al igual que la vida, nos pide darlo todo sin ninguna garantía de recibir algo a cambio. Este poema es una carta de amor, no solo a la gravedad, sino a la idea de mantenernos en pie dentro de algo que siempre está cambiando. Un recordatorio de que incluso lo que nos sostiene, a veces también nos deja ir.



Leave a comment