para Ecos de un Rol Elegido
Por Valentina DuPont
Ella Nunca Fue la Villana
Cuentan cuentos de hadas sobre madrastras malvadas,
pero nunca cuentan las historias de las mujeres que lo intentaron.
Las que llegaron a mitad del camino,
demasiado jóvenes, demasiado extranjeras, demasiado “otras”,
sin libreto, solo con el corazón en las manos.
No para reemplazar,
no para borrar—
sólo para amar.
No hablan de las mujeres
que se enamoraron de un hombre y recibieron su historia,
sus silencios,
sus hijos—
dos almas que no la eligieron,
pero aprendieron a dudar de ella.
Nadie dice
que una joven de 21 años puede entrar a una familia
y ser malinterpretada por un divorcio que no causó.
Que puede cargar con el peso
de un hogar fracturado que nunca habitó.
Nadie menciona
que los niños son a menudo tironeados por los adultos
como cuerdas en una guerra silenciosa—
manipulados de formas que aún no entienden,
por la comodidad, protección o el orgullo
de quienes dicen amarlos.
No hablan de
lo difícil que es mantenerse abierta ante la sospecha,
aparecer con amor
y ser tratada como una extraña.
Ella sigue en terapia
para entender lo que nunca fue suyo para arreglar,
para desenredar los traumas
y las heridas no nombradas.
Ofreció cercanía,
aun cuando las puertas se cerraban.
Buscó conexión,
y se mantuvo firme en el silencio.
Fue madre desde la presencia,
no desde la expectativa.
Y aprendió a hacer duelo
por lo que nunca floreció—sin vergüenza.
Algunas noches,
el dolor se disfrazaba de indiferencia.
La puerta se abría—
y nadie decía su nombre.
El amor que ofrecía era callado,
no ausente.
Malinterpretado, no deshecho.
Así aprendió:
cuando el amor regresa con ausencia,
la distancia no es crueldad—
es protección.
Es claridad.
Es supervivencia.
Y aun así,
cocinó la cena.
Aplaudió en los partidos.
Escuchó sus historias.
Intentó significar “hogar”.
Esto no es un cuento de hadas.
Es un rol elegido desde el amor,
formado por el dolor,
y sostenido con un valor silencioso y sagrado.
Nota de la autora
Este poema no es un lamento. Es un espejo frente a un rol que no heredé, pero que elegí. Una reflexión sobre la fuerza que requiere amar, incluso cuando ese amor no es devuelto, y sobre el coraje de alejarse cuando es necesario, no por derrota, sino por respeto propio. Para todas las que han sido madres en silencio, con valentía y sin perfección—esto es para ustedes.

Leyenda de la foto
El hombre a mi lado en esta foto es mi padre, mi primer ejemplo de fuerza silenciosa, y la razón por la que nunca confundo amor con ruido.
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