Por Valentina DuPont
Muchos piensan que el amor es esa pasión desbordada del comienzo. Pero el amor, el que se construye, el que perdura, es mucho más que eso. Es un viaje. Un arcoíris de emociones, silencios, elecciones y entrega. Este poema nace de la convicción de que el amor verdadero empieza por dentro: por el amor propio. No podemos dar lo que no tenemos. Damos lo que somos.
El arcoíris del amor
El amor comienza por dentro,
porque no podemos dar
lo que no cultivamos en nosotros.
Damos lo que somos.
El cuerpo baila con cualquiera,
pero el alma ríe con quien se entrega.
El amor es un trabajo artesanal,
hecho a mano, con paciencia y fuego lento.
Es alquimia, magia,
complicidad que no necesita palabras.
El amor también es individualidad,
un te quiero y un me quieres,
el respeto que respira
en el aire compartido entre dos.
Es esa mirada cómplice que te desnuda,
que te cuida.
El amor es comprensión
y perdón,
es distancia cuando hace falta,
para dejar ser
y ser.
El amor es donación,
es entrega sin perderse.
Es simple,
aunque no siempre fácil.
El amor es ser feliz
viendo feliz al otro.
Y elegir, cada día,
volver a amar.

Fueron muchos pequeños actos de amor,
de aprender y desaprender,
de elegirnos una y otra vez.
En esta playa de Hawái,
con ocho meses de embarazo y el corazón lleno de gratitud,
hicimos una pausa para respirar lo que habíamos construido:
un amor lento, tierno,
y lo suficientemente fuerte
como para sostener la vida
que crecía silenciosamente entre nosotros.

Leave a comment